Cueva, víctima y culpable.

Cueva, víctima y culpable.

Ya en frío, pasada la desazón por el resultado de anoche, me gustaría compartir una reflexión (probablemente impopular) sobre el partido de anoche, la expulsión de Cueva y la ola de críticas que seguramente se sucederán contra el jugador del Toluca.

¿Cueva se equivocó? Sin duda, pero los análisis deben hacerse en base a los hechos y su contexto. No obstante, muchos hacen juicios de valor para descalificar a la personas. ¿Catarsis post derrota? Quizás, y la verdad que irresponsabilidades como la de Cueva están sujetas a crítica de forma valida, pero esta no debe distorsionarse en ataques personales.

Nuestros jugadores son parte de un colectivo social, uno que ayer volvió a demostrar no estar a la altura de las circunstancias durante el himno chileno. Han sido formados/educados en una sociedad con vicios y comportamientos del tercer mundo, la misma que les exige conductas ejemplares.

Han crecido toda la vida dentro de una realidad y esperamos que en momentos cruciales su comportamiento sea acorde al de otra que no les corresponde. Somos el cómplice que entrega el arma pero que, cometido el delito, se convierte en inquisidor implacable y despiadado. Somos parte del problema, está claro.

Esa misma sociedad que celebra la “palomillada” cuando sale bien y nadie la ve pero que, convenientemente, despotrica de ella cuando queda a descubierto. Antes que hablar de “errores imperdonables”, y buscar culpables, preocupémonos por mejorar como sociedad primero para luego poder exigir.

Generemos recursos y oportunidades para que futuros futbolistas, y profesionales de cualquier rubro, se formen en mejores condiciones. A mejor formación, mejor toma de decisiones. La crítica debe ser constructiva. Descalificar es fácil, y puede servir como desfogue ante la frustración, pero no aporta nada.

Sobre ambiente en la previa, hace mucho que para Chile esto es un partido de fútbol. Mientras aquí siga siendo una guerra vamos muertos. Jugar contra Chile se ha convertido en “el partido que no podemos perder”. ¿Por qué? En todos los partidos la derrota es una opción tan concreta como el triunfo.

A todo lo previamente mencionado hay que agregarle el factor frustración. Luego de 33 años de malos resultados, y decepciones por no conseguir la ansiada clasificación a un Mundial, es común buscar responsabilidades individuales ante cada “fracaso” de nuestra vapuleada selección. Sin embargo, resulta injusto cargarle toda esa mochila a jugadores que son responsables de sus buenas y/o malas actuaciones, más no de las de generaciones pasadas.


Finalmente, si bien las redes sociales nos han dado tribuna para opinar sobre todo, evaluemos nuestra “perfección” profesional y personal antes de atribuirnos superioridad moral para descalificar los errores de los demás.

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Carta al viento

Carta al viento

Seré tan breve como claro pues no deseo quitarte mucho tiempo

Sé que debes recorrer el mundo rompiendo el eco del silencio.

Se también que eres capaz de acariciarme, asemejando el más tierno de los besos

pero también que puedes maltratarme cuando me visitas gélido y violento.

Sé que llevas contigo el aire que respiro, aquel que me da vida y llena mis pulmones.

Pero hay veces en las que solo quisiera te llevaras mis temores.

Y no son solo  palabras que escribo en momentos de desesperación.

Son la angustia y el dolor que clavas en mi corazón.

Sé que puedes destrozar sueños, ilusiones y esperanzas al ritmo de tu ira,

aplastando con tu fuerza todo aquello que te desafía.

Aun así  no te temo, pues si bien hoy vienes, anunciando el frío invierno

llegará algún soleado día en el que tu cálida brisa se convertirá en el perfecto complemento para contemplar el ocaso del sol en el firmamento.

Y será ese el momento en que tu susurro me dará la paz que tanto anhelo.

Por la que lucho y escribo. Por la que mato y por la que, incluso algunas veces,  muero.

La vida es hoy

La vida es hoy

Hoy es  uno de esos días en los que el aturdimiento cotidiano se toma un descanso, un día en los que el ruido mental  de las cosas intrascendentes desaparece. Respiras  y,  conforme el aire llena tus pulmones, dejas que el silencio sea tu interlocutor. Poco a poco  te das cuenta que tiempo y espacio son irrelevantes, al menos por un breve instante, no pueden limitarte. Este momento es tuyo  y nada ni nadie podrá quitártelo. 

Viajas,  y en el camino exploras en cada rincón de tu ser disfrutando  la sublime sensación de no saber hacia dónde te diriges. El sendero detrás tuyo está lleno de recuerdos, fotografías que no pueden ser retocadas pero que guardan consigo la magia de la nostalgia.  Recuerdas entonces al niño que jugaba a ser feliz, aquel que construía sueños al compás de una canción o que encontraba el sosiego a través  de un cuento en la voz de su madre.

Épocas en  las que las sonrisas no estaban sujetas a la interpretación, las miradas no llevaban un mensaje oculto y en las que absolutamente todo era posible. Hasta que, de pronto, la inocencia decidió irse para siempre y el mundo no fue el mismo…

Pero poco a poco fuiste encontrando otros intereses, nuevos placeres y  construyendo nuevos puentes. Te diste cuenta que la realidad y la ficción no caminan por rumbos tan separados.  Descubriste que todo es relativo y que la vida no es más que un gran acertijo cuya respuesta se revela de manera gradual mientras escribes tu propia historia.  Trataste entonces de convencerte de que todo estaba bien, hasta que llegó el día en el que no podías distinguir si quien sonreía sarcásticamente al otro lado del espejo era Jekyll o Hyde.

Fue ese el momento en el que hubieras dado todo por regresar en el tiempo, a la edad de la inocencia. Sin embargo ahora comprendes que la vida es una sola y que gracias al pasado es que puedes proyectarte hacia el futuro, por eso cierras los ojos y te entregas a la búsqueda del infinito con la alegría de finalmente entender que el hecho de no saber  lo que sucederá  mañana  es el mejor regalo que la vida te ha podido dar.